top of page

Mientras escribo

Entre el aroma del café y el eco de la música, las historias encuentran su voz

1e80599e-bf24-4771-915e-4f7631b5a639.png

Las novelas no nacen cuando las manos empiezan a teclear. Nacen mucho antes, en los pequeños rituales que convierten una habitación en un refugio y el silencio en un lugar donde las historias encuentran su voz.

Siempre hay una taza de café sobre la mesa. A veces suena Iron Maiden, Guns N' Roses, Metallica o AC/DC. Otras veces es Mozart quien marca el ritmo de una conversación entre personajes, o Tchaikovsky quien acompaña una batalla, un descubrimiento o un instante de emoción. Cada historia encuentra su propia banda sonora.

A mi lado descansa una biblioteca que he ido construyendo libro a libro durante toda una vida. Novelas, ensayos históricos, atlas, biografías, tratados de arqueología, mitología o historia del arte. Cuando una escena se resiste, suelo levantarme, recorrer los estantes y abrir un libro al azar. Casi siempre encuentro una idea, una fecha, un detalle olvidado o simplemente una chispa capaz de hacer avanzar el relato.

Mi despacho se abre a una terraza llena de plantas. Cuidarlas también forma parte del proceso creativo. Hay algo profundamente inspirador en ver cómo crecen despacio, sin prisas, igual que una novela. Desde allí contemplo la silueta de la iglesia de la Doma, las montañas que rodean La Garriga y unos atardeceres que cambian cada día el color del cielo. Muchas veces abandono el teclado durante unos minutos para observar cómo cae la luz sobre las montañas. Es en esos instantes, cuando aparentemente no ocurre nada, cuando suelen aparecer las mejores ideas.

He aprendido que escribir no consiste únicamente en inventar historias. También significa detenerse, observar, escuchar y dejar que el mundo hable. Las novelas no solo se escriben frente al ordenador; también nacen en el rumor de las hojas movidas por el viento, en una melodía que despierta un recuerdo, en el aroma del café recién hecho o en la última luz del día antes de que llegue la noche.

Porque, al final, toda historia empieza mucho antes de escribir la primera palabra.

bottom of page